lunes, 27 de junio de 2011

Las Vacaciones 6 - La boda boda

Para variar se me hizo tarde, llegué barrido a casa de mis padres porque en estos años de ausencia, las rutas del autobús cambiaron y sin saberlo, me llevaron a dar la vuelta bastante mas lejos de lo que pensaba antes de poder bajarme donde siempre.

Total, que llegué a mi casa y me bañé lo mas rápido que pude, solo para encontrarme con que el saco del traje que pensaba usar estaba todo arrugado porque me lo había traído en la maleta y se me había olvidado llevarlo a la tintorería. De suerte que mi madre tenía una de esas planchas ultra modernas que liberan vapor con solo apretar un botón, y así le pude quitar las arrugas sin batallar en lo absoluto. Ya por fin me terminé de alistar y no cabe duda que un cambio de ropa hace maravillas con la imagen y la autoestima de uno!

Ya casi cuando estaba a punto de salir, me llama mi roomate (él también había venido para la boda) y me dijo que pasara por él. Ya faltaban 20 minutos para las 5 y no veía muy probable llegar temprano. Le llamé a un ecotaxi que llegó sorprendentemente rápido y de ahí nos fuimos a recoger al roomie y posteriormente a la iglesia.

No podía ni creerlo, pero llegamos faltando 5 para las 5 a la iglesia, es la ventaja de que Mochis sea una ciudad bien planeada, con muchas calles (no como aquí que solo hay una calle principal que atraviesa todo el pueblo) y amplias avenidas.

Nos bajamos del taxi que nos cobró increíbles 50 pesos, muy barato para lo que acostumbramos pagar aquí. Afuera de la iglesia ya estaba esperando mi amiga la novia, radiante y tan guapa como nunca la había visto.
Aproveché de tomar unas fotos y de pasada saludé a Raymunda, tenía por lo menos 5 años que no la veía, pero pues por cuestiones que tal vez luego les contaré, de la amistad que tuvimos ya no queda absolutamente nada. 
La saludé mas por ser educado que por ganas, pero ni una falsa sonrisa me arrancó.

Entramos a la iglesia y comenzó la ceremonia. Hasta ahí todo bien, después de AÑOS de no pararme en una iglesia, me invadía una sensación muy rara, casi podía sentir que las paredes y las imágenes de los santos que estaban por todos lados me veían con furia, como diciéndome -Hereje! Apóstata!-. 
Tampoco recordaba que nos tuviéramos que sentar y levantar tantas veces y mucho menos que había que contestar a ciertas frases que decía el sacerdote con otras frases.
En algún momento le comenté a mi amiga que si acaso eso no tenía un aura como de ritual mágico, me llamó  -pendejo!- y se rió.

Cuando terminó la ceremonia, pues lo típico de salir y felicitar a los novios, tomarse la foto del recuerdo con ellos y de ahí a hacer tiempo porque la recepción era hasta una hora mas tarde.

No nos quedamos en la iglesia porque al salir los novios, ya estaba afuera una quinceañera de un vestido color fucsia haciendo fila con sus 20 chambelanes.

Nos hicimos a un lado y llegamos a una carreta de esas que nunca faltan, nos echamos unos 'raspados' de fruta, también AÑOS de no probar uno. Pedí uno de guayaba que me supo a gloria!

De ahí pedimos un ecotaxi que nos llevó al hotel donde sería la recepción, pero pues igual, era muy temprano todavía y nos sentamos ahí en el lobby a recordar los tiempos de cuando estábamos en la escuela.

Ya cuando se llegó la hora y vimos que mas o menos comenzaba a llegar gente, entramos al salón y elegimos mesa. Conforme iba llegando la gente, hasta comencé a pensar que me había arreglado demasiado, pero nah, por una vez en la vida no me hizo daño resaltar ;-)

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