martes, 28 de junio de 2011

El 15 de Junio de cada año me recuerda a...

Hace ya casi dos semanas que tenía ganas de escribir esta historia de la que me acordé por ser 15 de Junio.

Era el año de 1991, yo estaba en 3ero de primaria y mi mamá me había inscrito en varias actividades extra escolares, para aprovechar el tiempo y que no me la llevara solamente en la calle.

Los sábados iba al taller de lectura infantil en el museo regional, a mi desde siempre me ha gustado mucho leer, y tal vez por eso mismo me la pasaba muy bien en ese taller, no recuerdo haber faltado ni una sola vez.
Terminando el taller de lectura, había uno de periodismo infantil, pero a ese nunca le tomé mucho afecto, la verdad es que me quedaba nomás por andar de vago fuera de casa un par de horas mas.

Por ahí de la 1 me desocupaba y me iba a mi casa, solo para comer, porque a las 4 tenía que volver al taller de teatro. A este taller ya me acompañaban mi hermana y mis amiguitos del barrio. Ah si, también iba mi acosadora ya que mi señora madre había tenido la peregrina idea de decirle a la mamá de esta niña detestable que yo iba a un taller los sábados y -Porqué no la llevas?

En fin, pasado el tiempo, se abrió la posibilidad de estar en oootro taller de teatro, pero ese era entre semana, lunes, martes y miércoles. Y además era por allá por el rumbo del IMSS viejo, lo cual abría la posibilidad de andar de vago por un lugar hasta entonces lejano y desconocido. Como aquéllos eran otros tiempos, mi mamá no tenía empacho en dejarme ir y venir solo, total, el autobús que pasaba frente a mi casa me dejaba exactamente enfrente de las instalaciones del IMSS y para regresar, simplemente tomaba el mismo autobús, ni siquiera tenía que cruzar la calle para ir y venir.



Este taller era diferente, los que iban eran mas grandes que yo cuando menos por dos años. No se puede decir que haya sido mala influencia, pero definitivamente estando ahí, aprendí cosas tal vez inadecuadas para mis 8 años. Con todo, la simple posibilidad de salir de mi casa por un par de horas entre semana era algo de que presumir, porque a los 8 años, mis amigos de la escuela no soñaban siquiera con andar ellos solos en autobús a ninguna parte y a mi no me daba miedo. Además, me volvían a dar dinero en la tarde que no me caía mal.

Pasó el tiempo y el grupo de teatro al que iba solo había montado una obra llamada 'El payaso Dudín y sus muñecos', en donde yo hice el memorable papel de 'muñeco #6', no tenía ninguna línea y lo único que hacía era bailar como estúpido al son de rondas infantiles (y con mi nula coordinación entre pies y manos ya sabrán que tan bien lo hacía) y dejarme caer inanimado al suelo cuando la obra lo requería. Con todo, yo me sentía en el showbiz y lo disfrutaba muchísimo. Probablemente ninguno de los otros niños del grupo llegó a llevar a tantos primos, amigos y conocidos a ver la condenada obra que no tenía la mas mínima complicación en su argumento, era la típica obra que se escribe en 10 minutos y está hecha para entretener a niños no muy exigentes (solo una vez enfrentamos público hostil en una escuela primaria de gobierno) y adultos simples de espíritu.

En este grupo, había una niña, Liliana , tendría unos 12 años y era de las pocas que ya iba en la secundaria. Recuerdo que era muy ruidosa, alegre y a veces medio pesada para las bromas, pero no me caía mal. Tampoco me llevaba con ella, era una de esas personas que conoces porque están en el grupo pero que no necesariamente son tus mejores amigos. Era un trato mas bien cordial y hasta ahí.

Eso si, yo tenía los teléfonos de varios de los amigos que había hecho en el grupo y el de todos los instructores (ni tantos, eran como 4), pero cuando no tenía nada que hacer en las tardes, a veces me daba por llamarlos (muy seguido) y a horas mas bien imprudentes, pero bueno, la culpa la tienen mis padres por no decirme, yo solo tenía 8 años jejejeje

Pues el caso es que debido a que yo era tan cercano a este grupo de teatro, un día, un sábado 15 de junio de 1991, llegó una llamada, y era mi maestro de teatro, que pedía hablar con mi papá. Y ya viene mi papá y contesta el teléfono y yo nomás lo escuché que decía -ajá, ok, ajá, si, yo le digo- y colgó.

-Y que pasó?
-Que se ahogó Liliana.
-Liliana?
-Pues eso me dijo, quien es Liliana?
-Hmmm (y yo haciendo memoria creyendo que era una chica que había venido con otro grupo de teatro de Culiacán hacía unas semanas) pues no sé.
-Que raro, entonces porqué habló para avisar?
-No pues no...- Y entonces me cayó el veinte, luego luego me vino a la mente esta chica del grupo, y pues si, era la única Liliana que había allí, y bueno, no la conocería muy bien y no había asociado su nombre con su imagen luego luego, pero una vez que lo hice me solté a llorar, y por llorar me refiero a llorar como una verdadera Magdalena.

Mi mamá estaba ahí sirviendo la cena y me dijo que estaba bien llorar, porque era mi conocida y todo mundo se merece que lo lloren cuando se va. Y pues ahí estuve, un buen rato, hasta que me calmé.

Al día siguiente me levanté temprano a comprar el periódico, y efectivamente, ahí venía en la nota roja:

TRÁGICO PASEO AL RÍO, MURIERON AHOGADAS DOS MENORES

Ya leyendo la nota, resultó que esta chica se había ido a pasear con unas vecinas de ella al río Fuerte. No hubiera sido mayor el problema si no se les hubiera ocurrido meterse al agua, pues apenas terminando el año anterior, el río había crecido demasiado  e inundó varios poblados de las orillas durante semanas, y obvio, de tantas cosas que arrastró, el fondo del río se hizo mas profundo y disparejo.



Decía el periódico que se habían metido a nadar tres chicas, cuando de repente cayeron en una poza profunda. Un señor que estaba en la orilla alcanzó a ver que se hundían, y rápido fue y cortó una rama de un árbol y la metió al agua donde había visto desaparecer a las muchachas. Una de ellas logró asirse de la rama y la pudieron sacar. A las otras dos no. Y lo peor es que los cuerpos no habían aparecido a la hora del cierre de esa edición.

Recuerdo que me pasé la mañana de ese domingo leyendo y re leyendo la nota del periódico y come y come chocokrispies directo de la caja. En circunstancias normales mi mamá JAMÁS me habría dejado hacer eso, pero supongo que por ese día me tuvo consideración.

En días posteriores publicaron en el periódico que habían encontrado los cadáveres de las dos chicas atorados en un 'chinchorro', unas redes de pesca que usan para estos casos. A mi no me permitieron ir al funeral, mis papás opinaron que no tenía caso ir y quedarme traumado de por vida por ver el cadáver de una persona ahogada. Me dijeron que era preferible que me quedara con el recuerdo de ella cuando estaba viva, así alegre y risueña. Y desde entonces me quedé con esa idea. De los pocos funerales a los que me ha tocado asistir, JAMÁS he querido ver a los muertos, para qué?

Por una de esas raras coincidencias de la vida, resultó que la mamá de Liliana, trabajaba en el hospital del ISSSTE junto con la mamá de mi amigo Moisés. Gracias a eso, pudimos saber otros detalles de como había estado la tragedia.

Sucedió que, ese día, la mamá de Liliana se había ido a un pueblo llamado El Carrizo (creo) y la había dejado en casa con su papá y sus hermanos. Por ahí en la tardecita, llegó un amigo de su papá y lo invitó a irse a pistear (tomar, beber, con objeto de socializar y de paso embriagarse). Desconozco como hayan estado las cosas en su casa, pero Liliana fue muy insistente en pedirle a su papá que no se fuera. Yo creo que el señor no consideró una causa lo suficientemente fuerte el que su hija le hubiera dicho -Si te vas a tomar, nunca mas te voy a dirigir la palabra- porque de todos modos agarró camino.
Ya después de eso, fue cuando llegó su vecina de la cuadra para invitarla al río, ella aceptó y se fue con ella y pasó lo que pasó.

Yo creo que esa fue la primera vez que tuve conciencia de lo que era la muerte, porque recuerdo que si me afectó un poco. A todo mundo le platicaba yo la historia, le tomé pavor a meterme a una alberca o al mar, me la pasaba recordando episodios o anécdotas de esta chica y sacando cuentas de cuantos días le quedaban de vida en ese entonces, etc, etc.

Después comencé a soñarla seguido. En aquél entonces mis padres no iban a la iglesia evangélica donde están ahora, así que mi mamá sugirió que tal vez se me estaba apareciendo en sueños porque necesitaba de gente que rezara por ella para salir del purgatorio, y me dijo que encendiera una veladora y que rezara alguna oración por ella. No sé si efectivamente haya sido la veladora que funcionó o un simple efecto placebo porque no la volví a soñar.


1 comentario:

M dijo...

:(

Tampoco supe que comentar respecto a tu abuelito :(